¡Ay míralo como no para!!! ¡Se piensa que el carro es de él!! ¡Después dicen que no hay combustible!!! Son expresiones cotidianas de los que día a día enfrentamos la gran batalla de conseguir algo en las paradas de guaguas para llegar a nuestro destino final. La realidad es que la situación del transporte en la mayoría de las provincias cubanas es pésima, sea por la falta de combustible o por las inescrupulosas actitudes de muchos choferes que teniendo hacen uso de este para resolver sus “situaciones personales” y dejan a un lado su verdadera función: prestar servicio a la población.

El Ministerio del Transporte en nota publicada en el sitio oficial Cubadebate el 5 marzo de 2020, aclaró que “la obligación de detenerse en las paradas y puntos de embarque es para los vehículos pertenecientes a las entidades estatales. En coordinación con los Gobiernos provinciales se continuará el monitoreo y enfrentamiento con el máximo rigor a las violaciones que en este sentido se presentan”.

Sin embargo, son los dirigentes del partido, gobierno, empresas, los primeros que no tienen conciencia, no se sensibilizan con la situación y pasan en sus carros con aire acondicionado, ventanillas bacanas, asientos vacíos y no paran ni tan siquiera ante la señal del inspector de transporte o amarillo como se les conoce popularmente. ¿Qué pasaría si estos personajes tendrían que coger guagua, hacer señas y magia en la carretera para poder llegar a tiempo a su destino? ¿Qué moral tienen para exigir?

Ante esta difícil situación los transportistas privados se aprovechan para cobrar a la población precios altos con la justificación de la tarea ordenamiento. Y a esto hay que sumarle a esto el cambio ilegal de rutas en busca de ganancias, en un escenario marcado por la inflación económica que obliga a cada cubano de a pie a contar centavo a centavo su salario al punto de volverse grandes matemáticos.

Sabemos todas las afectaciones ocasionadas al país por el bloqueo impuesto por los Estados Unidos, la imposibilidad de comprar ómnibus, piezas y combustibles de primera mano y tener que hacerlo por un tercer país pero esto no justifica las actuaciones de muchos que lucran y viven a costa de los recursos que destina el Estado de su presupuesto para el sector social, lo poquito que tenemos hay que cuidarlo.

Es imprescindible en medio del déficit de guaguas un mayor control y exigencia por parte de las entidades encargadas de hacerles frente a las ilegalidades en este sector, un mejor funcionamiento de los inspectores en las paradas y eliminar la indolencia por parte de los organismos para de esta forma seguir cantando “el patio de mi casa es particular” y no “carro del Estado es particular”.

Por Pepe Calviño
*Foto tomada de Internet

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